Y él contesto: No me juzgues.
Durante la hora de almuerzo, almorcé con él.
Mi primera pregunta fue: ¿Por qué tenemos que almorzar en una sola hora? El contestó, no le pongas mucha atención a eso, que no te importe. Mi respuesta fue: no estoy hablando de nosotros, sino de todos y así empezó un interrogatorio sobre este sistema de vida…
- ¿por qué trabajamos tanto? ¿y si trabajo solo medio tiempo por la mitad del dinero y me dedico a otras cosas en ese tiempo libre de trabajo?
- ¿por qué queremos cambiar la cultura de esos pueblos que son más que nosotros y no están en peligro de extinción?
- ¿querés que ellos estén bien por que así contribuyen a una mejor sociedad, tu sociedad?
- ¿sos egoísta? No, no es un insulto
- ¿si el dinero deja de existir la humanidad también? y ¿qué pasó con el trueque?
- ¿llevarías a tus hijas a vivir a África o a París? //París contestó
- sí, tenemos tecnología, ¿de qué sirve si la gente sigue muriendo por desnutrición?
- sí, tenemos una conexión a internet y un servidor increíble, ¿de qué sirve si la gente no recibe los medicamentos que necesita y éstos perecen en bodegas?
- ¿no sería mejor evitar las enfermedades que curarlas?
- ¿sos feliz? //No me juzgués, contestó.
Estamos tan acostumbrados a este sistema de vida, a esta rutina, que cuando nos preguntamos y preguntamos a otros, los otros piensan que nos quejamos o que los juzgamos…
¿qué preguntas te haces tú a ti mismo? o ¿has dejado de preguntarte?
¿sos feliz?
¿En qué mundo vivis? //Fue su única pregunta…